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Después de trabajar dos meses en Bangalore y de viajarme todo, piré, cambié el pasaje de regreso a Buenos Aires, y saqué uno para el otro lado, más al Este, hacia Kuala Lumpur.
Ahí no duré ni 12 horas, y me tomé dos ómnibus hasta Phuket, Thailandia, al Norte. Paraba en Karon Beach, pero iba a Kata Beach, donde aprendí finalmente a pararme sobre la tabla de surf. Los fines de semana me fui a PhiPhi Island, a 6 horas en ferry.
Después volví, por la misma ruta pero todo en avión, en una suerte de viaje capicúa.